24 de junio de 2012

Té de lágrimas


Búho sacó una tetera del armario. - Esta noche haré té de lágrimas -dijo. Puso la tetera en sus piernas. - Ahora -dijo-, comenzaré. Se quedó muy quieto en su silla y se puso a pensar en cosas tristes.

- Sillas con las patas rotas -dijo Búho-. Los ojos se le llenaron de lágrimas.
- Canciones que no se pueden cantar -dijo Búho-, porque las letras han sido olvidadas.
Búho comenzó a llorar. Una gran lágrima rodó por su mejilla y calló en la tetera.
- Cucharas que han caído detrás de la estufa y nunca más serán encontradas -dijo Búho-. Más lágrimas cayeron en la tetera.
- Libros que nunca más podrán ser leídos, porque algunas páginas les han sido arrancadas.
- Relojes que se han detenido -dijo Búho-, y no hay nadie cerca para darles cuerda. Búho estaba llorando. Grandes lagrimones caían dentro de la tetera.
- Amaneceres que nadie vio porque todo el mundo estaba durmiendo -dijo Búho sollozando-.
- Puré de patatas abandonado en un plato porque nadie quiso comérselo -dijo llorando-. Y lápices que son demasiado cortos para escribir con ellos.

Búho pensó en muchas otras cosas tristes. Lloró y lloró. Pronto, la tetera estuvo llena de lágrimas.
- Bueno -dijo Búho-, ¡ya estamos listos! Búho paró de llorar. Puso a hervir la tetera sobre la estufa para hacer té.
Búho se sintió contento mientras llenaba su taza.
- Está un poco salado -dijo-, pero qué bien se queda uno después de llorar.

Arnold Lobel
Los Alegres Cuentos de la Gamba. [37/38]